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El ABC de la exfoliación

El ABC de la exfoliación
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Exfoliar cada parte del cuerpo – y no solo el rostro – es importante para mantener la salud de nuestra piel. Aquí te contamos cómo y por qué es importante realizar la exfoliación de forma periódica.


La exfoliación es un proceso fundamental en la rutina porque nos ayuda a eliminar las células muertas e impurezas que se acumulan en la superficie de la piel. Al exfoliar, logramos mejorar la oxigenación, el nacimiento de nuevas células y la formación de colágeno. Con la exfoliación, también, colaboramos con la humectación de la piel gracias a que logra captar de forma más eficiente el agua del exterior, y la volvemos más receptiva a diversos tratamientos o máscaras que debemos aplicar justo después de hacerlo.

¿Necesitas una guía básica para comprender cómo exfoliar, en qué momento y qué productos usar? Chequea estos tips.

El producto. Existen varios tipos de exfoliantes, aunque los más comunes son en crema o gel con pequeñas bolitas exfoliantes que actúan en el momento que rozan la piel. Más allá del que elijas, es importante que tengas en cuenta que en el rostro debes usar productos más suaves que para el resto del cuerpo.

La técnica de aplicación. Al momento de exfoliar, no se trata solo de aplicar el producto, sino que el movimiento que hacemos con la mano es fundamental. Los masajes en forma de círculos ascendentes que realizamos al aplicar el gel o crema exfoliante colaboran con la microcirculación de la piel, el drenaje y la renegación celular. Al terminar con este proceso, es fundamental hidratar la piel con algún sérum, aceite o crema humectante.

La frecuencia y el momento adecuado. Sin duda, el mejor momento para exfoliar es durante la ducha porque los poros se abren gracias a la temperatura del agua, pero también porque dentro de la bañera podemos retirar de forma correcta todos los restos del producto. Sin embargo, hay que tener especial cuidado de no resbalarse y de que la temperatura del agua no supere los 37°. Al terminar, moja tu piel con un poco de agua fría. Hazlo entre una y dos veces al mes.  

¡Ojo con el tipo de piel! Si bien no existen contraindicaciones para este proceso, es clave tener en cuenta los requerimientos de cada tipo de piel. Si tienes epidermis sensible, opta por un producto suave e hipoalergénico. Si tu piel es seca, procura realizar una buena humectación al terminar que tenga un efecto mucho más fuerte.

¿Quieres saber más sobre este paso fundamental en la rutina de cuidado de la piel? Chequea esta nota sobre la necesidad de la exfoliación.

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