En dermatología estética, los avances más relevantes son aquellos que logran activar los mecanismos naturales de la piel sin agredirla. En este contexto, la terapia de luz roja se posiciona como una de las tecnologías más prometedoras para estimular el colágeno de la piel y mejorar visiblemente su textura.
Se trata de un tratamiento no invasivo que utiliza longitudes de onda específicas para actuar directamente sobre la actividad celular, favoreciendo el rejuvenecimiento facial de forma progresiva y segura.
Respaldada por estudios científicos y cada vez más integrada en protocolos dermatológicos, la terapia de luz roja se ha convertido en un aliado clave dentro de cualquier tratamiento antiedad enfocado en fortalecer la piel desde el interior. A continuación, exploramos cómo funciona y cuáles son las 4 formas en que estimula la producción de colágeno, el pilar de una piel firme y luminosa.