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Cada uno de nosotros
posee, desde la infancia, un capital solar
formado por el conjunto de los medios de defensa
de la piel para luchar contra las agresiones
solares. Este capital no es renovable y depende
de cada persona. Estas agresiones son el
resultado del efecto de la radiación solar en
nuestra piel, que se descompone en distintos
rayos más o menos energéticos.
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Entre los rayos
que llegan a la superficie terrestre, se
encuentran los UVB, los UVA, los infrarrojos y
la radiación visible. La capa de ozono
detiene por fortuna, los más nocivos: rayos
cósmicos, gamma, rayos X, UVC. 1/3 de la
radiación solar es así filtrado por la atmósfera
terrestre.
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| Naturalmente, el
primer peligro es la quemadura solar. Su efecto
es inmediato: es una reacción inflamatoria de
defensa frente a las agresiones solares,
especialmente la de los
UVB.
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Existen sin
embargo otros peligros, que se manifiestan a
largo plazo, y cuyos responsables principales
son los UVA.
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